Siempre había querido hacer un podcast sobre fenómenos paranormales, lo intenté hace unas semanas con IA, pero el resultado todavía no me dejaba satisfecho, me sonaba demasiado artificial, demasiado mecánico, como si todavía faltara ese toque humano que tanto busco, me gustan los retos y también me fascina el cine de terror y suspenso, así que un día, de manera casi impulsiva, decidí que iba a incursionar en el cortometraje, claro, no con cámaras, actores y sets tradicionales, sino apoyándome en las herramientas de inteligencia artificial que están al alcance hoy, en agosto de 2025.
Sé que en unos meses bastará con escribir un solo prompt para que una IA genere automáticamente un corto entero con personajes consistentes, voces naturales y escenas perfectamente editadas, pero hoy, todavía no, aunque hay IA poderosas, el proceso es cualquier cosa menos automático.
Y aquí quiero contarte cómo lo hice, qué herramientas usé y sobre todo, qué problemas tuve que resolver, para que si lo intentas, lo tomes en cuenta.
De la idea a la estructura
La chispa inicial salió de mi cabeza, una historia breve, íntima, de esas que tienen más misterio que respuestas, el primer paso fue compartir esa idea con ChatGPT Plus y aquí comenzó la magia, con paciencia, me ayudó a darle orden, a convertir pensamientos dispersos en un guion narrativo con escenas, diálogos y ritmo.
Lo que yo imaginaba como instantes sueltos, ChatGPT lo amarró en secuencia y de ahí nació la columna vertebral del corto.
Las voces
Con el guion listo, había que darle voz a los personajes, entré a ElevenLabs con una cuenta gratuita, grabamos las voces de cada uno y aunque las opciones eran limitadas (con una cuenta de pago probablemente hubiera tenido acceso a voces con más matices y emociones), fue suficiente para dotar de vida a los diálogos, a veces había que ajustar velocidades, repetir, o recortar silencios, pero era emocionante escuchar a los personajes hablar por primera vez.
Los personajes y los primeros problemas
Después vino la parte visual, usé Gemini PRO, que me da acceso a FLOW y VEO3 con 1000 créditos al mes, cada clip en VEO3 cuesta 20 créditos y aunque en teoría parecía suficiente, la realidad es otra, para lograr un clip final necesitas varias pruebas, errores y ajustes, es decir, los créditos se evaporan.
Con Gemini generamos los retratos hiperrealistas de cada personaje, que servirían como referencia visual en VEO3 y ahí surgió el primer gran obstáculo, VEO3 no guarda referencias de personajes, en cada clip, generaba un personaje nuevo, parecido al anterior, pero nunca igual, eso rompía la continuidad y hacía imposible narrar de forma coherente.
La solución fue trabajar con “prompts maestros”, creados junto con ChatGPT, descripciones larguísimas y detalladas de cada personaje: color de piel, forma del rostro, ojos, cabello, edad, estatura, ropa, gestos… todo para reducir al mínimo los cambios entre clip y clip, a veces funcionaba, otras no tanto, pero cuando sí, trasladé esas imágenes de Gemini directamente a VEO3 para generar escenas más consistentes.
El muro de los niños
Aquí vino otro tema delicado, ccuando necesitas mostrar un personaje menor de 18 años, Gemini directamente no permite generar imágenes de niños y cuando lográbamos alguna, VEO3 bloqueaba el uso de esa referencia para generar video, tocó improvisar, probar variaciones de prompts, describir sin palabras sensibles y buscar alternativas que mantuvieran la narrativa sin chocar con las restricciones. Cada prompt llegaba a tener más de 100 líneas de detalle. Fue un juego de paciencia.
Los clips y la batalla de los créditos
VEO3 tiene un límite, que cada clip dura máximo 8 segundos, imagínate contar una historia con tantas pausas y cortes, sin consistencia de persoanjes, se tenía que planear cuidadosamente qué se decía y qué no, cada intento consumía 20 créditos, entre pruebas fallidas y escenas que sí se conservaron, me terminé los 1000 créditos del mes, al final, logré 36 clips correctos más una gran cantidad de descartes.
Fue una batalla, pues yo quería que la historia fluyera, pero la herramienta imponía sus reglas.
Sincronía entre voz e imagen
Otro reto fue encuadrar las voces con las caras. A veces VEO3 sí lograba mover labios en español, otras no. Había que ajustar velocidad de audio, cortar diálogos, o repetir la generación hasta que coincidiera. No era magia automática, era edición quirúrgica.
La edición final
Todo lo ensamblé en DaVinci Resolve, un editor que hasta hace unas semanas ni conocía, pero que me terminó encantando, tiene herramientas de IA para subtítulos o mejora de audio para su versión Studio (de paga), pero decidí no pagar un peso adicional y en su lugar, generé los subtítulos en Gladia.io y los exporté para luego montarlos.
En DaVinci monté, corté, ajusté transiciones, sincronicé voces, añadí música de la biblioteca de YouTube y normalicé el audio, el resultado empezó a tomar forma, esa fue la parte en la que más sentí que estaba haciendo cine, porque era unir todas las piezas y darles ritmo.
Resultado
Hoy, agosto de 2025, puedo decir que terminé un cortometraje usando IA, pero ojo, no fue apretar un botón, fue imaginar, probar, frustrarme, borrar, volver a intentar, escribir prompts larguísimos y hacer ajustes interminables.
Quizá mañana todo esto se haga en segundos, pero hoy, todavía requiere horas de trabajo, criterio humano y paciencia.
¿Valió la pena? Sí. Porque más allá de si el corto luce en ocasiones “robotizado” o imperfecto, el viaje fue una exploración creativa, me demostró que la IA no reemplaza la creatividad, sino que la multiplica, la empuja, pero necesita que alguien sueñe, que alguien insista y que alguien decida cuándo un clip, un rostro o una frase es la correcta.
Al final quedaron 36 clips buenos, que juntos cuentan una historia pequeña, oscura e intrigante, aunque sé que en poco tiempo esto podrá hacerse con un solo prompt, me quedo con la satisfacción de haberlo construido así a prueba y error, con paciencia y con mucha imaginación, si Guillermo del toro está haciendo Frankenstein con técnicas totalmente artesanales y sin IA o pantallas verdes, que yo no me pusiera a construir con un editor tradicional.
Y es curioso, porque al terminarlo pensé en lo mismo que siempre me atrajo del suspenso, la tensión no está en lo que se muestra, sino en lo que se sugiere, el miedo nunca está en el grito, sino en el silencio previo, lo mismo pasa con la creación, lo que más me marcó no fue el corto final, sino ese instante de duda entre clip y clip, cuando no sabía si el siguiente intento funcionaría.
Al final, esa incertidumbre es lo que nos mantiene despiertos, lo que nos empuja a crear. Y por eso, quizá, me obsesiona tanto este género, porque el verdadero suspenso no está en la pantalla, sino en nosotros mismos.
Y después de todo mi rollo, los dejo con el resultado final, que a mi, me ha gustado ¿Lo volvería a hacer? pues el mes que entra me dan otros 1000 créditos para VEO3

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