EVOLUCIÓN DEL SISTEMA EDUCATIVO EN MÉXICO CASI NULA, MI EXPERIENCIA [recuperado]

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El primer empleo formal que obtuve al concluir mi carrera fue como docente de bachillerato en una institución privada, vaya reto, no fue fácil pararse enfrente de nueve grupos de adolescentes de los distintos grados preparatorianos e imponer respeto, menos cuando en cuanto a aspecto físico parecía de la edad de muchos ellos, nada sencillo cuando no tenía preparación alguna en docencia, porque es claro, escuchar a cientos de maestros en 16 años de educación (de preescolar a universidad) no te hacen uno de ellos, esa primera experiencia, pavorosa de inicio, terminó siendo totalmente enriquecedora, grata y con una “semilla sembrada” en mí para seguir impartiendo clases por mucho tiempo más.

Desde que preparé la primera clase y recordando el amplio abanico de maestros que se habían cruzado por mi vida educativa hasta ese momento y siendo mi única referencia, me pregunté ¿Qué clase de maestro quiero ser? ¿De esos enojones y estrictos del tipo maestra Tronchatoro en la película de Matilda? ¿De los que intentan bromear con los alumnos? ¿De los que hablan de les vale lo que hagas o no hagas en el salón? Cada uno con sus claras ventajas y desventajas, ya en la práctica me di cuenta que, como en la vida, hay que ser uno mismo y que la clave del éxito en el aula radica en captar la atención del alumno, algo que solo se hará con algo que le genere curiosidad y ganas de “empaparse” de los temas más allá de lo que el “monito” al frente le diga como absoluta verdad.

Después de esa primera experiencia docente, he tenido la oportunidad de impartir clases en varias instituciones, mi maestría fue relacionada a la educación y tuve la oportunidad de prepararme más. Más allá de eso, la clave de mi éxito o no, se ha basado en la libertad de cátedra o por lo menos en la flexibilidad de ir más allá de planes y programas que en su mayoría pareciera que los hizo mi abuelito y tomando en cuenta que las materias que imparto son relacionadas con las Tecnologías de la Información es algo inadmisible.

En su charla en TED en Español, Ramón Barrera describe nostálgicamente la evolución que hemos tenido en el cine, en la música y la forma de escucharla, en la tecnología y en general en la mayoría de ámbitos en nuestras vidas cotidianas, pero discute la evolución en la educación, cuestiona si las clases de derecho hoy en día, serían completamente diferentes a las que tomó él hace 30 años, la respuesta parece obvia, no serían muy diferentes y puedo asegurar, por ejemplo, que las clases que tomé en la educación básica en los noventas y principios de los dos miles no ha evolucionado mucho, por increíble que parezca, siguen vendiendo biografías de personajes ilustres en couché del tamaño de tarjeta.

Dicen que, para muestra, basta un botón, hace algunos meses me ofrecieron dar clases en un Instituto con mucha fama de calidad educativa en Morelia, de formación católica y ahora cuentan con niveles desde preescolar hasta universidad, previo a realizar el contrato me pidieron dar una clase muestra donde mis “alumnos” fueron la persona encargada de la dirección, la coordinación académica y alguno de los socios, se me ocurrió darles una clase de PHP pues no requeriría un programa extra más que el block de notas  y el navegador, al concluir me dijeron que estaban encantados de que llegara a su plantilla docente, no sin antes dejar en claro varias cosas:

  • Podía a mi elección iniciar la clase con una oración (rezo o plegaria) y conste que soy católico, pero no creo que la clase de informática fuera la adecuada para fomentar los valores cristianos, pero bueno, lo dejaron a mi criterio, no hay problema.
  • Mi programa debía estar basado única y exclusivamente en el de la Dirección General de Bachillerato (DGB) de la SEP, desde ahí empezamos mal, para que se den una idea, un bloque completo de los tres que comprende el primer semestre se trata de explicarle al alumno en pleno siglo XXI lo que es el internet, otro de los bloques es sobre conceptos básicos de informática ¿Es en serio? Son nativos digitales.
  • Como la DGB solo tiene programas obligatorios para primero y segundo semestre con una embarrada de office, únicamente les daría clase en ese semestre a primeros, ni pensar en fotografía, Excel avanzado a económico administrativo, programación a los de físico matemático, animación, diseño, edición de video o cualquier otra materia que en verdad los fuera útil.
  • Tenía que pasar lista de manera obligatoria al iniciar la clase, los alumnos no podían pasar después del segundo toque, aunque aún no iniciara la sesión y aunque se tuvieran que quedar en el frío, afuera, a las siete de la mañana.
  • Los alumnos no podían utilizar el celular bajo ninguna circunstancia.
  • Debía existir disciplina en el salón, la cual, era entendida como que el alumno debía permanecer inmóvil y en completo silencio, salvo que el docente diera la autorización explícita para hablar, les recuerdo que los alumnos son adolescentes preparatorianos.
  • Someterme a evaluaciones docentes, es decir, que llegara alguien ajeno a la clase, normalmente alguien de la coordinación académica a validar con un checklist tajante cada uno de los puntos anteriores.

A pesar de que no concordaba con algunos los puntos anteriores acepté integrarme al cuerpo docente, es increíble que, en una escuela privada, con colegiaturas nada baratas tuvieran un laboratorio de cómputo sin las condiciones mínimas necesarias para la clase, ahora entendía porque no estaban interesados en ofrecer otros tópicos, las computadoras (insuficientes también en número para los 30 alumnos por grupo) hubieran sido incapaces de ejecutar illustrator, Premiere o Visual Studio. Al final, ese era el menor de los males.

Con los temas del programa, decidí sacar mi lado rebelde e ir más allá, sin dejar de dar los tópicos obligatorios, decidí además usar mi propia plataforma educativa virtual para el control de actividades, asistencias y tareas, al ser procesadores de textos uno de los temas, decidí preparar a los alumnos para la certificación internacional de Microsoft Office, integré el celular como herramienta de trabajo para el manejo de documentos colaborativos (que evidentemente no estaban en el programa) y eso del silencio sepulcral obligatorio lo dejé de lado, sin duda la escucha del profesor es fundamental en un proceso de aprendizaje no tradicional, obviamente con sus reglas básicas de comunicación.

En otras instituciones me han aplaudido las iniciativas, a tal grado que el uso de las plataformas educativas las institucionalizaron para las demás materias, pero en ésta, en la “prestigiada institución” con arraigo por décadas sucedió lo contrario, un viernes en una de las últimas horas, es decir, una de las horas más complicadas pues ya todos se quieren ir y los chicos están inquietos, llegó un capataz la persona encargada de la coordinación académica a evaluar mi trabajo, el primer tache lo tuve al no pasar lista de la manera tradicional, yo sabía que con la plataforma lo haría sin perder tiempo durante la actividad, mi segundo tache fue el permitir la entrada a un alumno unos segundos después del toque, no debí ni escuchar su excusa, mi tercer tache fue cuando para iniciar la clase hice una pregunta abierta sobre la clase pasada y muchos alumnos empezaron a responder sin un orden, ok, aunque de inicio las respuestas no fueron claras, me demostraban interés en el tema, mi cuarto tache fue cuando les pedí que sacaran su teléfono celular para la práctica en google docs, en ese momento la persona evaluadora decidió salirse, no sin antes decirme que me esperaba a la salida en su oficina.

Ya sabrán de qué trató la reunión, de manera general me recordaron las condiciones citadas más arriba, literalmente, aunque ello significara sacrificar aprendizajes significativos en los alumnos, poco les interesaba mientras tuvieran un grupo de robots trabajando, sin voz, sin opinión, sin criterio, en términos generales, alumnos sin ganas de estar ahí, pero entendiendo que esa es su obligación, a mi forma de ver, estaban formando “godinez” frustrados y conformistas, le solicité a la persona “experta en educación” calificara mi trabajo con la aplicación de la prueba de certificación internacional de Microsoft Office al finalizar el semestre, mataríamos “dos pájaros de un tiro” pues no solo me evaluaría, sino que los alumnos se llevarían un certificado con validez global, eso jamás ocurrió.

¿A qué voy? No se trata de quemar a una institución, de la cual omito el nombre, y que, en todo caso, creo que es un problema en la dirección de dicho nivel, pero si retomo el cuestionamiento de Ramón Barrera, ¿Era diferente la manera en que me solicitaban dar las clases a la forma en la que yo recibí clases en mi educación básica? O peor aún ¿Era diferente a la forma en que ellos recibieron su educación muchos años antes que yo? Y la más preocupante, si una escuela con “prestigio” educativo tiene un estancamiento tan marcado ¿Cómo estarán la gran mayoría de los planteles públicos en el País? Con conocimiento de causa puedo asegurar que no solo han evolucionado, en muchos casos involucionan gracias a factores político-sindicales. Pero no es el punto de esta entrada.

En TED, Barrera habla de cómo lograr una educación no aburrida, lo que no significa que los alumnos vayan a la escuela a una fiesta continua, por lo menos no una fiesta con bebidas y música, pero si una fiesta de conocimientos, con un buffet de SORPRESAS intelectuales que enciendan la chispa de querer más en el educando, la escuela no debe ser un espacio de sufrimiento, donde alumno y maestro estén viendo el reloj a la espera de la conclusión del horario de clases, por el contrario, ser un espacio de aprovechamiento, bien dicen que si trabajas en lo que amas, nunca trabajarás, lo mismo aplica para la educación, si el alumno ama la escuela porque lo reta a verdaderamente superarse (aunque ellos no se den ni cuenta) nunca lo verán como una obligación.

Cuando hablo de evolucionar en el sistema educativo no hago referencia a modernización tecnológica necesariamente, sino en las formas, en la práctica docente, en el rol del maestro/profesor/facilitador, y es cierto, en las otras escuelas en las que he impartido clases no he tenido estas reglas absurdas, he tenido total libertad de cátedra, lo que no significa una alineación institucional a un nuevo modelo de dar clases orientado a que los alumnos no solo sean receptores de las “verdades absolutas” en busca de un papelito (certificado/título) y no despertar la sorpresa, la curiosidad y acciones en un alumno activo y nunca más pasivo.

Evidentemente dejé de dar clases en la escuela en mención, la cual además omito intencionalmente de mi currículum y LinkedIn…

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